Sobre mí
Había una vez un niño pequeño. Nacido en Barcelona en plena primavera mediterránea, esa que es tan hermosamente suave, el niño no tardó en soñar con construir naves espaciales.
Sus amigos lo llamaban Edu, y vivía en un pueblo pequeño donde enseguida empezó a disfrutar de tardes interminables jugando en la calle. El fútbol era su deporte y pasó la mayor parte de su juventud jugándolo, además de leer, pasarse videojuegos y soñar con sus amigos en partidas de rol que no se acababan nunca. Pero quienes lo conocen bien saben que había una cosa que hacía siempre: dibujar. En casa, en el colegio, de vacaciones. Usaba lo que tuviera a mano para dibujar todos sus sueños.
Y entonces llegó el momento de decidir qué hacer con su vida. Fascinado por la tecnología, decidió estudiar telecomunicaciones. Al fin y al cabo, era poco probable que una vida de artista pagara las facturas. Dejó los lápices a un lado y, unos años más tarde, acabó marchándose a París para terminar sus estudios.
Y vaya si aquel tiempo en París le cambió la vida. Conoció a una chica. Se llamaba Annemiek, y poco después se mudaría con ella a los Países Bajos, donde haría un máster en telemática, encontraría trabajo enseguida como desarrollador, compraría una casa y, sin darse cuenta siquiera de adónde habían ido a parar los últimos diez años, tendría tres niños maravillosos (Tom, Pep y Sam). Entonces por fin encontró tiempo para volver a coger los lápices y los pinceles.
Edu vive ahora en Oldenzaal con su maravillosa mujer y sus hijos, y disfruta yendo y volviendo en bici de su gran trabajo, leyendo ciencia ficción y llenando un cuaderno de bocetos tras otro.